|
Años
antes de morir, pero ya en la cumbre de la fama, Alexander
Fleming una vez hubo de guardar cama como consecuencia de
un agudo resfriado. Cuando, ya restablecido, le preguntaron
qué plan había seguido para curarse, respondió
risueñamente:
-Uno muy antiguo: cama y whisky abundante.
-¡Cómo! ¿Y no se puso antibióticos?
-¡No, por Dios! -exclamó-. De antibióticos,
ni hablar.
|