 |
Benito
Pérez Galdós describe magistralmente el proceso
catarrral a través de uno de los protagonistas de su
novela Fortunata y Jacinta.
El
Delfín no tenía paciencia para soportar las
molestias de un simple catarro, y se desesperaba cuando le
venía uno de esos rosarios de estornudos que no se
acaban nunca. Empeñábase en despejar su cabeza
de la pesada fluxión sonándose con estrépito
y cólera.
«Ten paciencia, hijo -le decía su madre-. Si
fuera una enfermedad grave, ¿qué harías?».
-Pues pegarme un tiro, mamá. Yo no puedo aguantar esto.
Mientras más me sueno, más abrumada tengo la
cabeza. Estoy harto de beber aguas. ¡Demonio con las
aguas! No quiero más brebajes. Tengo el estómago
como una charca. ¡Y me dicen que tenga paciencia! Cualquier
día tengo yo paciencia. Mañana me echo a la
calle.
-Falta que te dejemos.
-Al menos ríanse, cuéntenme algo, distráiganme.
Jacinta, siéntate a mi lado. Mírame.
-Si ya te estoy mirando. Estás muy guapito con tu pañuelo
liado en la cabeza, la nariz colorada, los ojos como tomates...
-Búrlate; mejor. Eso me gusta... Ya te daría
yo mi constipado. No, si no quiero más caramelos. Con
tus caramelos me has puesto el cuerpo como una confitería.
Mamá...
-¿Qué?
-¿Estaré bueno mañana? Por Dios, tengan
compasión de mí, háganme llevadera esta
vida. Estoy en un potro. Me carga el sudar. Si me desabrigo,
toso; si me abrigo, echo el quilo...
Forunata y Jacinta, Benito Pérez Galdós |
 |
|
|